Historia

La villa de Muel aparece mencionada, en 1160, como “Molle”, topónimo que se ha relacionado con “muelle” por el dique romano indicativo de la antigüedad del lugar, y con “muela”, pieza del molino.

Hasta 1610 fue tierra poblada por musulmanes, cuya laboriosidad y actitud ante la Corona permitió que Pedro IV les concediera franquicias en 1383. En 1392 Juan I de Aragón donó Muel a Fernando López de Luna, hecho que vinculó esta tierra al apellido que algún tiempo después se unió con el señorío de Camarasa, formando parte, ya en el siglo XVI, del marquesado de este último nombre.

De su actividad artesanal en el trabajo de la cerámica queda también reflejo en el relato de Enrique Cook, quien, en 1585, decía que “todos los vecinos de este pueblo son olleros, y todo el barro que se vende en Zaragoza lo hacen aquí”.

También hay datos sobre el trigo que se producía en la localidad, de excelente calidad, y hortalizas, de modo especial cardos cuyo consumo era notable en la capital del Reino.

La pragmática de expulsión de los moriscos de Felipe III dejó prácticamente despoblada la villa en 1610, de modo que el Señor de la Villa de don Diego de los Cobos Luna y Guzmán, tercer Marqués de Camarasa y primer Duque de Sabiote y sus descendientes se vieron obligados a una repoblación que pronto quedó asegurada con nuevas gentes que se encargaron de perpetuar en Muel una artesanía de típico cuño morisco: la cerámica y la alfarería, llegando a ser hasta principios del siglo XX uno de los centros alfareros de mayor importancia en Aragón, cuyos ejemplares se elaboraban en unas cuevas y de la manera más primitiva.

Siempre se caracterizó el vecindario de Muel por laboriosidad y devoción hacia sus Señores, los cuales pocos problemas tuvieron con sus vasallos, la casa de los Camarasa vivió siempre en perfecta armonía con los suyos de Muel. Lo prueba el hecho de que al sublevarse casi todo Aragón contra Felipe V, cuyo virrey había sido desde 1701 a 1704 el Señor de Muel. Don Baltasar de los Cobos y Luna, V Marqués de Camarasa; cuando Zaragoza y las principales poblaciones levantaron la bandera del Archiduque Carlos de Austria, la villa de Muel ajustó su conducta a la de su Señor natural, el ex Virrey Don Baltasar, mostrándose fiel al monarca, quien premió su conducta otorgándole el título de “Fiel Villa”, que es su  prorrogativa de honor.

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